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Qué es | Por qué se plantea | En qué consiste | Actuaciones | Retos de futuro

 

¿POR QUÉ SE PLANTEA GIZONDUZ?

Los motivos por los que se plantea esta iniciativa son los siguientes:

a) Persisten las desigualdades entre mujeres y hombres.

El papel que tradicionalmente han desempeñado mujeres y hombres en la sociedad está experimentando una importante transformación. La mayor participación de las mujeres en el mercado laboral, su acceso a todos los niveles educativos, su mayor acceso a la formación y a la cultura y, en menor medida, a los ámbitos de toma de decisiones, están generando unos cambios sociales favorables para el avance en el camino hacia la igualdad de mujeres y hombres.

Sin embargo, los datos sobre el mercado laboral, la participación sociopolítica, la realización del trabajo doméstico, la pobreza, la violencia contra las mujeres, etc., siguen mostrando la existencia de una desigualdad en la posición social de las mujeres que tiene su origen en los estereotipos y patrones socioculturales de conducta en función de sexo que asignan fundamentalmente a las mujeres la responsabilidad del ámbito de lo doméstico y a los hombres la del ámbito público, sobre la base de una muy desigual valoración y reconocimiento económico y social.

b) Es escasa la participación de los hombres en el trabajo doméstico y en las actividades a favor de la igualdad.

A pesar de que, como veremos, existe en el plano teórico una posición favorable mayoritaria de los hombres a favor de la igualdad de mujeres y hombres, en la práctica, todavía es insuficiente su implicación en la consecución de dicha igualdad, como cabe inferir de su escasa participación, en comparación con ellas, en las actividades de sensibilización y de formación en la materia y en la realización del trabajo doméstico y de cuidado de las personas.

En efecto, en la actualidad los hombres representan alrededor del 10% de las personas que en nuestra Comunidad participan en las actividades de sensibilización y  formación que con carácter general se organizan en materia de igualdad de mujeres y hombres.

Por su parte, las estadísticas relativas al reparto entre mujeres y hombres del trabajo doméstico y de cuidado y al uso de permisos, excedencias y reducciones de jornada para el cuidado de las personas también ponen de manifiesto la existencia de grandes diferencias en función del sexo:

- Los hombres en la CAPV dedican de media al día 1 hora y 29 minutos al trabajo doméstico y de cuidado frente a 3 horas y 33 minutos de las mujeres.
- Los hombres representan el 5,9% del total de las personas beneficiadas en 2008 de las ayudas para la reducción de jornada y excedencias para el cuidado de personas concedidas por el Gobierno Vasco .
- Sólo el 3,7% de los hombres han compartido con su pareja el permiso de maternidad/paternidad en 2009.


c) La igualdad no es posible sin la implicación de los hombres.

La incorporación generalizada de las mujeres al mercado laboral, su participación en todos los niveles educativos, su mayor acceso a la formación, a la cultura y a los ámbitos de toma de decisiones, están generando unos cambios favorables para el avance en el camino hacia una sociedad más justa e igualitaria. Sin embargo, esta importante transformación del papel de las mujeres en la sociedad y su creciente incorporación a ámbitos tradicionalmente considerados como masculinos, no se está viendo acompañada por una asunción significativa de los hombres del trabajo doméstico ni del resto de funciones y valores tradicionalmente considerados como femeninos, y no basta el cambio de las mujeres para conseguir la igualdad real, ni son ellas las únicas interesadas la consecución de una sociedad más igualitaria.

d) El logro de la igualdad afecta a todas las personas, mujeres y hombres, y a todas puede beneficiar.

Un nuevo modelo de convivencia basado en el respeto y la igualdad no sólo beneficiaría a las mujeres, sino a la sociedad en su conjunto, incluidos los hombres, ya que si bien es cierto que el actual sistema social patriarcal les confiere como colectivo unos privilegios -entre otros, que en general disfruten de mayores ingresos, cotas de poder y de una mayor autoridad en el ámbito público o que se beneficien del trabajo doméstico y de cuidado realizado muy mayoritariamente por las mujeres-, no es menos cierto que dicho sistema, sustentado en una diferenciación rígida de roles y expectativas en función del sexo, tiene también sus costos para los hombres. Éstos, en general, tienen una esperanza de vida menor, son más propensos a sufrir drogodependencias, accidentes de tráfico, los accidentes laborales más graves o a ser víctimas de muertes violentas y del encarcelamiento. Además, en la medida que han sido socializados para cumplir el papel de proveedor principal del sustento económico en las familias, sufren una mayor presión en el ámbito del empleo para que alarguen las jornadas de trabajo, lo que hace que consuman su vida prácticamente en mundo productivo y que no desarrollen todas sus potencialidades y capacidades, sobre todo aquellas que guardan relación con el mundo reproductivo y de los afectos. Por no mencionar también el coste que supone la incomprensión, e incluso en algunos casos el rechazo social, que padecen aquellos hombres que se salen del rol social imperante y se atreven a asumir públicamente comportamientos y funciones consideradas tradicionalmente como "femeninas".

En definitiva, vivimos en una sociedad que, además de discriminar a las mujeres, genera insatisfacción tanto en ellas como en ellos y, por tal motivo, el reto de este siglo debe ser el construir un nuevo modelo social más democrático, justo e igualitario, donde todas las personas sean libres y autónomas, tanto en el ámbito público como en el privado, de modo que puedan desarrollar todas sus capacidades personales y tomar decisiones sin las limitaciones impuestas por los roles y estereotipos tradicionales en función del sexo, y en el que se tengan en cuenta, valoren y potencien por igual las distintas conductas, aspiraciones y necesidades de mujeres y hombres. Para ello es fundamental que sean cada vez más los hombres dispuestos a cuestionar el modelo tradicional de masculinidad, a renunciar a los privilegios que les pueda aportar el sistema patriarcal, a liberarse de las cargas de una masculinidad mal entendida, y a comprometerse, junto con las mujeres, de forma activa en la consecución de esa nueva sociedad compuesta por personas más libres e íntegras.

e) La igualdad es una necesidad estratégica para el desarrollo humano, social y económico de los pueblos.

La igualdad de mujeres y hombres, además de ser un derecho humano, es una necesidad estratégica para la profundización en la democracia y para la construcción de una sociedad vasca más justa, cohesionada y desarrollada humana, social y económicamente. De hecho, los países que cuentan con unos niveles de desarrollo y bienestar más elevados son los que disponen de unas políticas de igualdad más avanzadas.

f) Existen, además, condiciones favorables.

Siguiendo los pronunciamientos de los organismos internacionales sobre la materia, la Ley 4/2005, de 18 de febrero, para la Igualdad de Mujeres y Hombres y el Plan para la Igualdad de Mujeres y Hombres, aprobado por el Gobierno Vasco, configuran un marco jurídico propicio para que desde las administraciones públicas se planteen iniciativas específicamente enfocadas a que los hombres se sumen y se comprometan, junto con las mujeres, de forma activa en el logro de una sociedad más justa e igualitaria.

Por otro lado, son mas de veinte años desde que las instituciones públicas de nuestra Comunidad vienen trabajando para promover la igualdad efectiva de mujeres y hombres. Este bagaje previo en el desarrollo de políticas de igualdad sitúa a la Comunidad Autónoma de Euskadi en una posición favorable para el desarrollo de iniciativas innovadoras como la de Gizonduz.

Además, son muchos los hombres que en el plano teórico se posicionan a favor de la igualdad de sexos. A este respecto, el estudio Opiniones de la población de la CAPV en relación a la igualdad de hombres y mujeres, realizado en 2004 por el Gabinete de Prospección Sociológica de la Presidencia del Gobierno Vasco muestra, entre otros, los siguientes datos:

- Un 77% de los hombres (frente a un 86% de las mujeres) conceden mucha o bastante importancia a la igualdad de mujeres y hombres.
- Un 79% de los hombres (frente a un 88% de las mujeres) considera que deberían tomarse más medidas a favor de dicha igualdad.
- A la gran mayoría de los hombres le parecen efectivas para disminuir o hacer desaparecer las desigualdades entre los sexos que ellos asuman las siguientes actitudes: compartir la realización de las tareas domésticas, dando ejemplo así a sus hijos e hijas (94%), considerar a las mujeres como sus iguales, dando valor a sus deseos, opiniones, trabajos, etc. (93%), ser críticos con los comportamientos poco respetuosos hacia las mujeres que tengan sus compañeros y amigos (92%), asumir que la igualdad tiene beneficios, también para ellos (88%) y ser activos en la defensa de los derechos de las mujeres (89%).

Por tanto, se trata de favorecer que ese discurso mayoritario favorable a la igualdad se vea acompañado de una práctica cotidiana más igualitaria.

 


     

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